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C U L T U R A
La hermosa Cobija, situada en la margen derecha del legendario río Acre, había sido fundada por el Ing. Fernández Cornejo con el nombre original de “Puerto Bahía”, mucho antes de la creación del departamento; concretamente un 9 de febrero de 1.906, poco después de la finalización de la campaña del Acre en 1.902, cumpliendo la orden del Gral. Pando y aunque sufrió años de verdadera postración e injusto olvido, acabado el auge de la goma, hoy es considerada la ciudad más bella, pujante y progresista de todo el Norte Amazónico Boliviano; un paraíso y una esperanza de días mejores al que acuden miles de compatriotas de todas las latitudes.
En cuanto a su gente, es la más sencilla, humilde y hospitalaria que existe en todo el país. Aún así, conscientes de que son herederos de una historia corta, pero llena de páginas de heroísmo y coraje; de que son los dueños del más hermoso y salvaje pedazo de tierra que aún resta en Bolivia; de que son el presente y el futuro de ella; su característica tradicional es la extrema sencillez que guía todos los pasos y actos de su vida.
Otra característica notable en la gente pandina es su feroz apego a su tierra y su amor por Bolivia, muy posiblemente, sea debido a la todavía reciente y dolorosa historia de mutilaciones por las que perdió, mucho más del 90% de su territorio original. Pando fue el gran perdedor en la sucesiva y malhadada serie de mutilaciones de nuestro país, puesto que del mas de un millón de kilómetros que nos arrebataron absolutamente todos nuestros vecinos, ahora llamados de hermanos, el entonces Territorio de Colonias que después sería el departamento Pando, pierde casi 700.000 kilómetros cuadrados en poco más de treinta años de dramática historia.
Cobija, la capital, muestra un marcado cosmopolitismo, originado en su época de oro de los primeros años del inicio del siglo XX ; cuando más de la mitad de su población estaba conformada por gente de diversas nacionalidades del mundo que había llegado atraída por su fama de lugar donde la riqueza y el oro aguardaban a todo cuanto aventurero o empresario llegara dispuesto a hacer fortuna en muy poco tiempo.
Pero, también hay que tomar muy en cuenta que a nuestro Territorio de Colonias llegaron los que hoy denominamos “collas” del interior del país, así como cruceños y benianos. Basta revisar un poco de historia para confirmar que de Santa Cruz y del Beni llegaban cientos y cientos de “enganchados” a rayar goma en las estradas; así como de La Paz.
Toda esa gente que llegó a lo que hoy es Pando, fue la que vino a fundar una nueva raza, sacrificada y trabajadora, pero también bravía y grande como su tierra; amante de la libertad.
Todas las personas y todos los pueblos tienen su propia historia acerca de las Almas y Duendes, estos seres de otra dimensión y no existe nadie que no haya escuchado, especialmente en esas noches de lluvia, tormenta, rayos y temor, algún relato acerca de ellos. Especialmente en los pueblitos y comunidades de Pando.(3)
Algunos relatos y leyendas del Pando
El batelón de Don Nicolás:
Durante las noches cuando se acampa en las barracas situadas a las orillas del río Madre de Dios, aquel legendario Manutata (Padre de los ríos), según relatos de los antiguos pandinos, sirvió de camino a los miles de bravos guerreros del Inca Yupanqui, que jamás pudieron conquistar y sojuzgar a las tribus que habitaban sus orillas, pasad la media noche en un recodo del río, aguas abajo, a veces se puede distinguir la silueta tenue de una embarcación en la que brilla una macillenta y temblorosa luz, sube la embarcación muy lentamente, aproximándose al campamento se puede escuchar nítidamente el sonido peculiar de los remos y el murmullo de las voces de los ocupantes del batelón, al acercarse uno a la orilla del río y ver más de cerca cuando pasa el batelón, se puede ver que en la proa a Nicolás Suárez con su inconfundible fisonomía con sus largos bigotes y en su mirada un extraño fulgor mientras mira con atención la selva de la orilla del río, en busca de los codiciados árboles de siringa que fueron la base de su legendario imperio y que le ayudaron a construir su amada Cachuela Esperanza. (3)
El silencio de las Cachuelas:
Pando es departamento selvático que mas cachuelas tiene en su extensa y maravillosa geografía. Las cachuelas son conglomerados pétreos de más de 1 km de longitud sobre los ríos, producto de fallas y movimientos tectónicos que lanzaron magma hirviente desde las profundidades de la tierra hace mucho tiempo y constituyen el punto final de la navegación de los ríos que pertenecen a la cuenca amazónica.
El sonido que retumba de las aguas contra las piedras se escucha desde varios kilómetros, sin embargo a veces a media noche la cachuela se enmudece unos instantes. Callan súbitamente, como si obedecieran a un invisible director de orquesta, el silencio es tan impresionante y sobrecogedor que uno se pregunta si no habrá llegado aquel terrible silencio del que nos habla San Juan en el Apocalipsis.
Algún curioso que quiso indagar este fenómeno atreviéndose valientemente aproximarse a la Cachuela en esos instantes de silencio absoluto, no halló ninguna respuesta, otros que en la luna solo vieron la negrura de las piedras, pero sí hubieron personas que a la luz de los relámpagos pudieron ver desde poca distancia un abismo abierto fugazmente, quedando aterradas cuentan que se ven cientos de espectros, horrendas sepulturas y calaveras bañadas por las aguas. ¿Verdad? ¿Mentira? Vaya uno a saberlo. (3)
Los Duendes:
Según cualquier diccionario de la Lengua Española, en duende es un ser mitológico, de espíritu juguetón que mora en algunas casas. Por aquí en nuestros trechos, el duende vive en los huecos de los centenarios árboles o en la tupición gajos y ramas secas de algún árbol derribados por un rayo en una noche de tempestad, hay algunos que escogen como morada una vieja noria abandonada.
Coinciden todas las historias sobre su descripción y Pando no es la excepción como un ser de pequeña estatura, cabezón, viste siempre ropas sedosas y muy coloridas, botas, un ancho cinturón con una gran hebilla y su infaltable sombrero de copa alta y puntiaguda. Poseen el don de aparecer y desaparecer de improviso, en sus casas tienen brillantes, piedras preciosas y monedas de oro que atesoran celosamente en pequeñas tinajas de barro.
Los duendes son juguetones y se pasan la vida haciendo bromas, una de ellas muy conocida es hacerles a los caballos cientos de trenzas muy finas en su cola o en su crin, otra de ellas es coger las hamacas de los viajeros y dejarlas colgadas en lo alto de los árboles, especialmente en esas palmeras llamadas Chontas que son llenas de espinas. El robo de niños ya no puede considerarse como una broma, pero sucede con mucha frecuencia, por lo que han ganado su fama de ladrones de niños en todas partes.
Pocos o casi ninguno, de esos chicos robado han regresado a sus hogares a contar su historia; pero la tradición y los chismes dicen que los duendes se hacen amigos de ellos, juegan todo el día y le obsequian dulces y juguetes. El niño cambia de carácter y adelgaza como si fuera víctima de una enfermedad rara, un día de esos si la madre no anda atenta y no toma sus precauciones, el chico desaparece definitivamente, yéndose a vivir con los duendes y convirtiéndose en uno de ellos, si retornar jamás a su hogar. (3)
La Madre Siringa:
Creada por la imaginación de siringuero del siglo pasado, llamada también “Madre de la Selva”, es una mujer misteriosa dueña de una belleza sin par, de marcados trazos indígenas, de piel morena y que anda con los senos desnudos, simbolizando estos la abundancia de la leche del árbol del caucho. Tiene la virtud de bendecir a los árboles de caucho para que en las dos zafras anuales dé abundante leche al buen siringuero, además la Madre Selva es protectora de los animales que la habitan. Se asegura que puede extraviar, irremediablemente, en lo profundo de la selva a quienes matan animales por placer y destruyen sin necesidad los grandes y hermosos árboles, quedan extraviados hasta que mueren por el ataque de alguna fiera o mueren y son devorados por las hormigas.
Se dice que cuando el siringuero es cegado por la ambición de extraer mas y mas el látex de los árboles de caucho, maltratándolos rayando surcos excesivos en su corteza, debilitándolos y hasta matando los árboles, la Madre Siringa se enfurece ahogando al ambicioso siringuero con su leche, cubriendo todo su cuerpo con este látex que luego se endurece y así son encontrados sus cuerpos como momias de caucho.
También la Madre Siringa protege a los hombres buenos, cuando son picados por una víbora, ella los cura y alimenta con una extraña fruta que calma todo dolor y cansancio. A los que cazan para su sustento y se extravían en la selva, ella los lleva hasta un lugar conocido y cercano a una barraca. (3)
Hasta no hacen más de dos o tres décadas, cuando uno se enamoraba hasta las patas y andaba idiotizado, como todo enamorado, si los padres de la Dulcinea no aceptaban al pretendiente; este tenía el recurso extremo de robarse a la pelada, planificando cuidadosamente la huida, generalmente en moto; a diferencia de Santa Cruz y el Beni donde se birlan a las peladas en caballo. Claro que el tal robo y posterior escape a toda mecha contaban con el consentimiento entusiasta de la víctima que, también por su lado, ya andaba preparando disimuladamente la ropa para mandarse a mudar con el dueño de su corazón y organizaba las cosas con la complicidad de alguna amiga del alma.
El enamorado Romeo también tenía que contar con la ayuda (alcahueterío, lo llamaban los damnificados) de algún amigo que se prestara a colaborar secretamente y sin abrir la boca hasta que se produjera el gran robo que daría tema de charla a la población, especialmente en el cafecito de Pablo Higa donde, en cada amanecer, se sabía todo lo que había pasado en Cobija la noche anterior y, a veces, hasta lo que nunca sucedió o lo que recién estaba por acontecer.
Y no es mentira ni cuento que nuestras peladingas son las más bellas del país; producto, seguramente, del medio paradisíaco en el que nacen; del clima cálido como sus labios; de los numerosos ríos que les han dejado como herencia sus curvas; de las panteras de las que han copiado su andar suave y felino; de las noches cuajadas de estrellas que han anidado para siempre en sus bellos ojos; y de nuestras inigualables palmeras de flexible tallo tan parecidas al de una pelada pandina. Empiezan a embrujarnos con sus bellos y traviesos ojos, con su tierna sonrisa y con su codiciada y juvenil figura cuando son peladas quinceañeras. No precisan mas nada para tirarnos a la lona y convertirnos en sus sumisos esclavos, capaces de dar la vida por ellas.
No podemos negar que, como sucede en todas partes del mundo, los pandinos hemos adoptado e incorporado al lenguaje diario algunas palabras y modismos de otros lugares y, también de los países vecinos, en este caso el Brasil.
Nada malo existe en ello ni significa que estemos alienados, o estemos perdiendo nuestra identidad y patriotismo como mascullan algunos ignorantes. Acuérdense estos que hemos sido calificados como “Centinelas de la Nacionalidad” y como los “Héroes de la Distancia” por nuestro a veces inexplicable y desmesurado amor a Bolivia. Y quienes nos han honrado con estos calificativos no son personas oscuras como los detractores; son personajes que viven en las páginas de la historia patria.
Esto de adoptar palabras, sencillamente sucede en todas las fronteras y, en nuestro caso, ha aumentado y enriquecido nuestro lenguaje común y diario.(2)
Algunos dichos y modismos
Los modismos y palabras que los pandinos hemos adoptado, especialmente de la lengua portuguesa, pero no exclusivamente de ella, son variadas y, en todos los casos, nos han proporcionado medios para enriquecer y agilizar notablemente nuestra comunicación diaria, haciéndola más fluida, más interesante; más expresiva. (2)
Portuñol: menjunje idiomático, formado por las palabras “portugués” y “español”. Generalmente es usado el portuñol por los hermanos collas en sus conversaciones con los vecinos brasileros. Los primeros, juran que están hablando un perfecto portugués. Los segundos no les entienden ni jota y se quedan mirándoles. Pero, misteriosamente, al final llegan a entenderse.
Papo fiado o papo furado: Portugués. Se dice así de una conversación intrascendente, banal. Se podría traducir, literalmente, como conversación fiada o conversación hueca.
Cabra zafado: Se dice así a una persona sinverguenza y pícara. Portugués.
Tirar el culo al monte: Huir de una situación de riesgo; escapar, esconderse. Este modismo ya está traducido del portugués y se lo usa así normalmente.
Caer fora: Retirarse, apartarse, salir de alguna situación, no entrometerse. Portugués.
Vai tomar baño: Invitación, no muy cordial que digamos, a no molestar. Similar a “vai para merda” que no necesita traducción. Portugués.
Apañar: Soportar, aguantar, tolerar. Portugués.
Bunda: Nalgas, posaderas. Portugués.
Caralho: Se pronuncia “carallo”. Es la histórica y famosa palabra de Abaroa que le dio mucho vigor a sus palabras finales antes de morir en la guerra del Pacífico. Portugués.
Trepar: Hacer el amor, practicar sexo, copular.
Yo no estoy ni ahí: Se dice de una situación que no nos interesa para.
Bodó: Pastel frito en aceite; hecho de harina, sal y agua. Alimento común en viajes, y también cuando en la casa no hay con que comprar pan.
Yesca: Sin un peso en el bolsillo, pobretón. Cuando la pobreza es extrema se dice “azul de yesca”. De origen oriental, cruceño.
Parar la olla: Cocinar. Comprar víveres. Dicho pandino.
Amigo do peito: El mejor amigo de uno, exceptuando al perro. Portugués.
Amigo da onça: Se refiere una persona desleal, malvada, dañina, enemiga. Portugués.
Bora: Vamos, en castellano.
Patricio: Nombre dado por los brasileros a los paisanos del interior, casi siempre comerciantes. Estos, a su vez, califican igual a los brasileros.
Pezuña pudre: Pie sucio y de muy mal olor.
Garapé: Arroyo, río pequeño. Portugués.
Juntar trapos: Vivir conyugalmente una pareja, sin pasar antes por la Iglesia ni el Registro Civil. De origen netamente pandino.
Mas viejo (a) que el sur: De avanzada edad, antiguo, anciano (a). Se le dice así a todo vejestorio, hombre o mujer, que no quiere aceptar su edad. De origen oriental.
Pe na bunda: Un puntapié en las nalgas. Similar al “salió de tres pies” que significa que alguien fue echado a patadas. Portugués.
Filho da mai: Portugués. Aunque la traducción literal significa “hijo de mamá”, se emplea como insultativo de grueso calibre, fácil de imaginar.
Largar los perros: Hacer una declaración de amor. Oriental.
Puxasaco: Del portugués; se pronuncia más o menos como “puchasaco”. Similar a los “tirasaco” collas; vale decir los adulones. En Cobija tenemos una palabra similar, aunque mucho más expresiva: “sobabolas”.
Pasar la pierna: Engañar, burlar. Se dice, por ejemplo que “la fulanita le pasó la pierna al marido”, lo que debe ser entendido como: “la fulanita le mando cuernos a su marido”.
La tapa de petos: es la vivienda de las avispas, algo parecida a las colmenas de las abejas comunes.
Los petos tatú: son la especie de avispas selváticas más grandes que se conocen, algunos de más de tres centímetros de longitud Su tamaño va de la mano con su extrema ferocidad y poderoso veneno que causa una fiebre intensa y gran dolor.
A toda mecha: modismo regional que quiere decir a toda velocidad, muy rápido.
El olor del miedo: dicho así: Fue el miedo lo que atrajo al tigre. Ellos conocen muy bien el olor del miedo y eso los excita y enfurece aún más.
Curucusí: se llama así a la luciérnaga.
Los suchas: son los buitres carroñeros.
Enmosquiterarse: meterse dentro del mosquitero.
Lamparina: artefacto que servía para alumbrarse. En esos años, había luz eléctrica solo de siete a diez y media de la noche.
Tratear: hacer trato o convenir en algo.
Fregueses: son los clientes. Palabra portuguesa.
Dar trabajo a la sin hueso: hablar de cosas sin importancia, chismear. La “sin hueso” es la lengua.
Salón: nombre dado al rifle calibre 22.
Tapeque: algo de alimentos para un viaje largo.
Bushuda: petacuda, mujer embarazada.
Pahuichi: casita rústica y pobre de pachiuba y jatata.
Pachiuba: una especie de palmera muy abundante en Pando.
Armadilla: una ingeniosa trampa con un arma de fuego lista para disparar. Muy usada por los campesinos de Pando para cazar animales de monte.
Chapunato: es un trago elaborado con jugo de toronja y alcohol. De efecto devastador casi mortífero.
A esta altura del partido: Se dice así de una situación en la que ya generalmente no cabe ningún remedio ni se la puede solucionar.
Matriqui: matrimonio, boda, casamiento.
El cafecito de Higa: ubicado en la céntrica esquina conformada por las calles 6 de agosto y Tcnl. Cornejo; era el lugar obligado de reunión de la sociedad cobijeña en cada amanecer.
Andar descolgándola: se refiere a quienes están distraídos o andan con la boca abierta.
Una conversa: una charla, una conversación.
Mandar brasa: vale decir ejecutar, realizar, hacer algo.
A calzón quitado: se refiere a una conversación sin mentiras ni engaños.
Leyudos: se califica así a las personas que todo lo hallan mal y permanentemente reclaman por todo y por nada.
Cuchuqui: extremadamente sucio.
hiel de jochi: extracto sacado de la vesícula o hígado del jochi, un animalito roedor en plena extinción por ser su carne muy sabrosa.
Las sin orejas: son las víboras.
Cachaza: licor elaborado de la caña de azúcar.
Melear: es extraer la miel de las abejas del monte. Generalmente se debe tumbar el árbol donde hacen sus colmenas y abrir a hacha el panal.
Cursiento como pato: expresión usada para calificar a un enfermo de diarrea extrema y aguda.
Turiros: son unas hormigas aladas.
Chubi: aguilucho rapaz, de la familia de los halcones.
Los Remedios de la Selva
En Cobija, hace un par de décadas tan solo, no existían nada más que dos pequeñas farmacias que proporcionaban todos los remedios que la gente precisaba. Una de ellas (que todavía existe) era la del Dr. Alejandro Rivera en la calle Beni. Eran los años en que la vida era muy simple y carente de grandes necesidades en el aspecto médico. Cuando la cosa era grave, se tenía que esperar la llegada de un avión carguero y se lo empaquetaba al enfermo al interior del país, a La Paz, generalmente. De allí volvía completamente sano o perfectamente encajonado.
Hoy en día, en la agitada y moderna Cobija que más parece un hormiguero, hay más de una docena de farmacias, grandes, bien equipadas, llenas de cajitas y mas cajitas con drogas de última generación y atendidas por profesionales.
Pero, en el área rural del departamento, en lo profundo de la selva amazónica, sigue existiendo lo que podríamos llamar de farmacopea tradicional que salva muchas vidas, aunque los medios no son muy ortodoxos que digamos.
Tenemos, por ejemplo, “la hiel de jochi” (1) para curar a un picado por víbora. En todos los pahuichis (2) de la selva, siempre se tiene un frasquito con este producto y se confía totalmente en él. Huele y sabe a todos los diablos juntos, pero es efectivo y ha salvado varias vidas, incluidas las de perros mordidos por las “sin orejas” (3).
Los que a causa del agua contaminada o por una infección intestinal están cursientos como patos y tan débiles que ya andan tambaleándose por la deshidratación, se curan con un mate de corteza de “cayú”, una planta frutal típica de estos lares. Es tan efectivo como ponerle un tapón a una botella.
¿Y para los que están trancados y a punto de reventarse después de pasarse tres o cuatro días sin hacer nada? Se les da “piñón”, otra planta de la selva. El negocio es más efectivo y violento que un enema de dos litros de agua tibia con jabón.
Otro aceite, muy bueno para curar resfríos fuertes, es el de caimán o del pez llamado “raya”. Se ha comprobado que los chicos que toman este aceite, en su vida adulta poseen los pulmones más fuertes y sanos.
Para aquellos que se rompen los huesos por un accidente, por haber sido apretados por una rama, existe la resina de un árbol llamado “sucuba”. Es muchísimo mejor y más resistente que el yeso ocupado en los modernos hospitales, con la ventaja de que el emplasto es impermeable y se cae solito cuando el hueso se ha consolidado. También sirve el emplasto de “caré”, otra planta local, que se toma por vía oral para coadyuvar en la curación.
Para los que adolecen de “pitaí colla”, o sea la sarna común, la farmacia del monte ofrece un surtido de productos, entre los que resalta la “balsamina”, una enredadera común que hay en todas partes. Esta misma balsamina cura la fiebre tifoidea.
Hasta hoy es un misterio el poder curativo que tiene el bejuco selvático llamado “uña de gato” que cura lesiones e inflamaciones en los órganos internos. Se dice que es hasta capaz de sanar o retrasar los efectos del tan temible como mortífero cáncer.
Las plantas y productos selváticos que existen en nuestro departamento, tan rico en flora y fauna, recién se están estudiando en sus efectos bienhechores en la salud humana, aunque ya los conocían los primeros moradores y los aborígenes nativos de esta selva bendita. (2)
Fuente:
(1) Patrimonio Histórico y Cultural de Cobija, Carlos Saavedra Pérez V.(2004).
(2) Mi Tierra y mi Gente, Carlos Saavedra Pérez V. (2002).
(3) Tradiciones, Relatos y Leyendas del Departamento Pando, Carlos Saavedra Pérez V. (1999).